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Dos de los trabajos de Barbara deWilde.

 

Diseñadora de portadas influyentes

Hoy dedicamos la entrada de nuestro blog a una de las diseñadoras de portadas de libros más influyentes de los últimos tiempos: Barbara deWilde. Un nombre muy “salvaje” a la altura de la creatividad y el talento de esta veterana diseñadora gráfica.

 

DeWilde se licenció en diseño gráfico en Penn State University en 1985, a pesar de que sus padres no consideraban el “arte” como un modo de vida real y válido. Sin embargo, Barbara estaba dispuesta a contradecirles con hechos y en 1989 comenzó a diseñar portadas para el Knopf Publishing Group, donde destacó por su innovador uso de materiales, así como de la fotografía y la tipografía. De hecho, fue pionera en el uso de fotografías en las portadas de los libros, algo inusual en la época.

 

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Portada para el grupo Knoff.

 

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La magia de deWilde sólo con tipografía y líneas.

 

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El uso de la fotografía es una de las señas de identidad de deWilde.

 

deWilde, junto con otros creadores como Chip Kidd, Archie Ferguson y Carol Devine Carson, no sólo cimentó el llamativo estilo visual de la editorial Knopf, sino que también revolucionó el diseño de portadas de libros en los 90 en Estados Unidos.  Además, ha trabajado en proyectos para Random House, Simon & Schuster, The Penguin Press, The American Institute of Graphic Arts, The New York Times Company o Patagonia, entre otros.

 

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Una de las portadas más destacadas de deWilde.

 

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deWilde, jugando con los grabados y las texturas del papel.

 

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La simplicidad más impactante hecha portada.

 

A la hora de encarar un nuevo proyecto, deWilde afirma: “Leo todo lo que me dan. No empiezo a trabajar en mi escritorio hasta que no tengo un modelo en mi cabeza de cómo debe lucir el libro. Y, normalmente, hago esbozos que nadie entiende, excepto yo”.

A pesar de dedicar gran parte de su tiempo a otros proyectos, para deWilde diseñar portadas de libros es su pequeño “placer culpable” y siempre intenta crear varias cada año.  “Adoro los libros y me encanta contar historias. Me gusta entender el texto y tratar de imaginar el modo en el que esas letras serán representadas. Disfruto con ese “salto de fe” que es necesario para transformar las palabras en algo visual”.