Hasta el 18 de enero de 2026 puede visitarse en la Fundación Mapfre la exposición dedicada a Raimundo de Madrazo y Garreta, el pintor español que triunfó en Francia y Estados Unidos a finales del siglo XIX, gracias a sus retratos de la alta burguesía.

Raimundo de Madrazo

El arte preciosista y burgués de Raimundo de Madrazo

La Fundación Mapfre dedica a Raimundo de Madrazo una gran exposición, comisariada por Amaya Alzaga, con más de un centenar de obras que recorren toda su trayectoria. De este modo, se quiere reivindicar el legado de un gran pintor, al que el desembarco de las vanguardias borró de la historiografía artística.

Raimundo de Madrazo es miembro de una de las sagas de artistas más influyentes y reconocidas del arte español del siglo XIX. Nieto del pintor neoclásico José de Madrazo e hijo de Federico de Madrazo, destacado retratista del Romanticismo, Raimundo era también cuñado y amigo de Mariano Fortuny.

Raimundo de Madrazo

Las hijas del Cid, 1865.

Sus tíos fueron los pintores Luis de Madrazo y Pedro de Madrazo, así como el arquitecto Juan de Madrazo. Además, en la familia de su abuela, los Kuntz, también se encuentran afamados pintores.

Con esta herencia familiar, el joven Raimundo pronto destacó en el dibujo y la pintura. Con solo trece años, ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y se convierte en la gran esperanza de la familia, que ve en él el continuador del legado artístico de los Madrazo, repleto de grandes obras históricas, destinadas a las grandes exposiciones nacionales o internacionales.

Tras su paso por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en 1862, Raimundo se traslada a París, donde continúa su formación con el pintor Léon Cogniet y en la École des Beaux-Arts. Durante estos primeros años en París, el joven sigue tratando de complacer a su padre y seguir su estela; sin embargo, en 1866, abandona el academicismo y la temática histórica.

En esta nueva etapa, Raimundo de Madrazo comienza su andadura como pintor de género y retratista, logrando un gran éxito gracias a sus tableautins, obras de pequeño formato con escenas costumbristas o domésticas.

Su talento como retratista, su ojo para el color, y su destreza para reflejar brillantes interiores y texturas hacen de él uno de los pintores favoritos de la alta sociedad parisina y estadounidense, que le visita en su taller de la capital francesa.

Raimundo de Madrazo

Clotilde de Candamo y su hijo, 1874.

Entre las nuevas tendencias y el academicismo, el juste milieu

Raimundo de Madrazo vivió el torbellino artístico de París del último tercio del siglo XIX, en el que convivía el academicismo más recalcitrante, junto a nuevas corrientes como el impresionismo. En este contexto, la obra de Raimundo de Madrazo se sitúa en un camino intermedio, el juste milieu, que gozó de gran éxito comercial y de crítica.

El cenit de su carrera tuvo lugar en la Exposición Universal de 1878, donde obtuvo una Primera medalla y la concesión de la Cruz de Caballero de la Legión de Honor. Madrazo presentó catorce piezas, entre las que destacan los retratos del actor Benoît-Constant Coquelin y el Retrato de niña con vestido rosa.

Raimundo de Madrazo

Constant Coquelin, 1875-1878.

Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX, el mundo del arte está en plena ebullición y en 1900, su obra se ve anticuada. Tras su participación en la Exposición Universal de París de ese año, Raimundo es consciente de que su estilo ya no resulta atractivo, por lo que viaja a América, donde su obra detallista aún goza de reconocimiento y mercado entre la alta sociedad de la Gilded Age, como los Vanderbilt.

Raimundo de Madrazo

Salidad del baile de máscaras, 1878.

Raimundo de Madrazo, un artista a reivindicar

Raimundo de Madrazo es un gran desconocido para el gran público, ya que su figura se vio eclipsada por la llegada de las nuevas corrientes artísticas de finales del XIX. El estilo preciosista de Raimundo de Madrazo fue relegado por parte de la crítica y de los historiadores del arte, que lo situaron en un lugar menor, y solo recientemente ha comenzado a gozar del reconocimiento que merece.

La exposición que le dedica la Fundación Mapfre pretende llenar ese vacío y reivindicar su obra, gracias a la participación de instituciones y colecciones particulares nacionales e internacionales, entre las que figuran el Museo Nacional del Prado; The Metropolitan Museum of Art, de Nueva York; el Clark Art Institute, de Massachusetts; The Hispanic Society of America, de Nueva York, o el Musée d’Orsay, de París.

Una ocasión de oro para descubrir a un artista de gran éxito en su época, pero injustamente ignorado por el canon artístico moderno.

En este enlace se puede disfrutar de una visita virtual.

Raimundo de Madrazo

Muchachas en la ventana, 1875.